Un mal día
¿Un mal día? Y una mierda. Un mal día es cuando te levantas a unas horas en las que recuerdas aquellas palabras tan de abuela: "¡Que todavía no están puestas las calles!". ¿Y qué? Tengo que ir a trabajar. Esa es otra. Un trabajo que no quiero para comprar cosas que no necesito. Cuánto daño a hecho El Club de la Lucha. O bien. Aún no lo tengo claro. Un mal día es cuando te pasas ocho horas delante de un ordenador realizando la misma acción repetitiva. Una vez. Otra vez. Y otra. Una copia de una copia. En serio, debería dejar de citar esa peli. Llegas a casa con la sensación de vacío que te provoca un trabajo misero. Una existencia infame. El conocimiento de que nadie te estudiará en el instituto. De que no se harán libros sobre ti. De que los bardos no cantarán canciones en tu honor. Y estar tumbado en la cama pensando que tal vez lo único que te reconfortaría en ese instante sería poner una bomba en los cimientos de varios edificios de la ciudad y verlos derrumbarse mientras tú agarras la mano de la chavala de turno. Lo prometo, dejo en paz la peli. Eso es un mal día, no un día en que tu equipo pierde. Se te ha quemado la comida. O has perdido el bus. Eso sí que es un mal día. O quizá tan solo sea un día normal. Aún no lo tengo claro.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario